La obediencia
Quiero tratar este tema porque ha sido una de mis últimas reflexiones mientras limpiaba unos chipirones, alimento que forma parte de nuestro menú casi semanal de los martes-miércoles (porque los compro el martes, que es cuando hay pescado fresco -o eso dicen- y o los hago ese día o al siguiente) en un delicioso arroz a la pilymarinera (con cosas del mar y aparte lo que me da la gana, que para eso lo hago yo). A Valle le encanta, por ahora, y digo "por ahora" porque esto va cambiando y a lo que hoy me dice "esto está de muerte" (como le ha enseñado papá), mañana arruga el hocico y sin probarlo siquiera me suelta "a mí el arroz ya no me gusta nunca más" y se acabó lo que se daba y yo tardo semanas en asimilar que el que yo creía que era uno de sus platos favoritos ahora se niega a probarlo, pero yo erre que erre lo sigo poniendo "si te gusta mucho, mira, si siempre te lo has comido - pues pa ti mamá que ya no lo quiero más" y fin.
Así, mientras le meto el dedo a los chipirones y saco de sus adentros esa especie de esqueleto y otras cosas blanditas y resbalosas que no sé lo que son ni quiero, se me viene a la cabeza cuando me decían aquello de que "hay que ser una niña obediente". Pienso sobre esto porque, en algún momento entre el día antes y el día en que limpio los chipis, le habremos soltado a Valle algo por el estilo.
Pues bien, a ver cómo os explico que a los mayores se les debe hacer caso pero que eso de que "hay que ser obedientes" a mí me chirría en lo más profundo. Dice la RAE, porque lo he buscado, que obedecer es cumplir la voluntad de quien manda. Queridas mías, desconfiad. Desconfiad de los adultos, porque se equivocan en casi todo y, no contentos, algunos mienten más que andan y, lo que es peor, muchos no son trigo limpio. Que te digan malmandá si no les traes lo que te piden. Yo intentaré con esfuerzo diario que aprendáis lo que está bien y lo que está mal. Y a partir de ahí, haced vuestra voluntad y no la de los demás. Os equivocaréis muchas veces, seguro, pero ya os lo dije, de los errores se aprende, errar es humano y nadie escarmienta en cabeza ajena.
No significa esto que no le hagáis un favor a nadie, que desoigáis los consejos de quienes os quieren o que debáis hacer siempre lo que os venga en gana.
No significa que si no quieres recoger tu cuarto eso esté bien, pero tampoco yo puedo obligarte a hacerlo porque sí, porque yo lo diga (que lo diré quinientas mil veces a riesgo de ser cansina). Al final pisarás algo de lo que tienes por ahí tirado, te harás daño en el pie y tú sola aprenderás que se anda mejor con el camino despejado que si lo dejas lleno de obstáculos.
Si un día cierras el pico y de motu propio decides que no vas a probar el arroz, ¿puedo yo abrirte la boca y meterte la cuchara contra tu voluntad después de decirte veinte veces -las primeras de buenas, las últimas cabreada- que lo pruebes que está muy rico y que a ti te gusta? No.
¿Puedo meterte el cepillo de dientes en la boca y cepillar tu infantil dentadura mientras me gruñes, pataleas y me pegas? No.
Bueno, pues esto último ya lo he hecho xD Y es que os lo estoy diciendo, desconfiad! Ante lo que parezca una orden, analizad, procesad y decidid si finalmente queréis llevar a cabo o no lo que se os esté pidiendo. No seáis obedientes porque sí. Aprender a ser obedientes de la manera que se nos transmitía antes, con obediencia ciega, es peligroso. Mejor ser desobediente e ir aprendiendo a ser bueno y finalmente ser siempre uno mismo, rigiéndose por los principios de la bondad y no maleficencia.
Antes de seguir con este blog, quiero aclarar que es muy posible que, a lo largo de la vida, podáis ponerme ejemplos constantes de que mis palabras se contradicen con mis actos. Veréis... no soy perfecta. Esto son reflexiones y luego, con el problema por delante, según el cansancio, según el día y según el porculo que se haya dado, una reacciona como le sale. El otro día, justo mientras le daba la chapa a papá sobre la importancia de transmitiros ser respetuosas con los demás, me llamaron de Jazztel y tan fresca les contesté "no me interesa, estoy comiendo y con la boca llena no se habla" y colgué ante la mirada atónita de vuestro padre que no podía creer que hubiera sido tan borde mientras casi me estaba coronando de santa. Me dijo que había pasado de lo más alto a lo más bajo y eso me dolió en el alma.
Yo intentaré hacerlo bien, de ahí surgen estas reflexiones y la labor de ponerlas por escrito. Si a veces me equivoco... pido perdón.
Hasta aquí por hoy, que lo he cogido con ganas.
Un besito y hasta pronto.
Mamá :)
Así, mientras le meto el dedo a los chipirones y saco de sus adentros esa especie de esqueleto y otras cosas blanditas y resbalosas que no sé lo que son ni quiero, se me viene a la cabeza cuando me decían aquello de que "hay que ser una niña obediente". Pienso sobre esto porque, en algún momento entre el día antes y el día en que limpio los chipis, le habremos soltado a Valle algo por el estilo.
Pues bien, a ver cómo os explico que a los mayores se les debe hacer caso pero que eso de que "hay que ser obedientes" a mí me chirría en lo más profundo. Dice la RAE, porque lo he buscado, que obedecer es cumplir la voluntad de quien manda. Queridas mías, desconfiad. Desconfiad de los adultos, porque se equivocan en casi todo y, no contentos, algunos mienten más que andan y, lo que es peor, muchos no son trigo limpio. Que te digan malmandá si no les traes lo que te piden. Yo intentaré con esfuerzo diario que aprendáis lo que está bien y lo que está mal. Y a partir de ahí, haced vuestra voluntad y no la de los demás. Os equivocaréis muchas veces, seguro, pero ya os lo dije, de los errores se aprende, errar es humano y nadie escarmienta en cabeza ajena.
No significa esto que no le hagáis un favor a nadie, que desoigáis los consejos de quienes os quieren o que debáis hacer siempre lo que os venga en gana.
No significa que si no quieres recoger tu cuarto eso esté bien, pero tampoco yo puedo obligarte a hacerlo porque sí, porque yo lo diga (que lo diré quinientas mil veces a riesgo de ser cansina). Al final pisarás algo de lo que tienes por ahí tirado, te harás daño en el pie y tú sola aprenderás que se anda mejor con el camino despejado que si lo dejas lleno de obstáculos.
Si un día cierras el pico y de motu propio decides que no vas a probar el arroz, ¿puedo yo abrirte la boca y meterte la cuchara contra tu voluntad después de decirte veinte veces -las primeras de buenas, las últimas cabreada- que lo pruebes que está muy rico y que a ti te gusta? No.
¿Puedo meterte el cepillo de dientes en la boca y cepillar tu infantil dentadura mientras me gruñes, pataleas y me pegas? No.
Bueno, pues esto último ya lo he hecho xD Y es que os lo estoy diciendo, desconfiad! Ante lo que parezca una orden, analizad, procesad y decidid si finalmente queréis llevar a cabo o no lo que se os esté pidiendo. No seáis obedientes porque sí. Aprender a ser obedientes de la manera que se nos transmitía antes, con obediencia ciega, es peligroso. Mejor ser desobediente e ir aprendiendo a ser bueno y finalmente ser siempre uno mismo, rigiéndose por los principios de la bondad y no maleficencia.
Antes de seguir con este blog, quiero aclarar que es muy posible que, a lo largo de la vida, podáis ponerme ejemplos constantes de que mis palabras se contradicen con mis actos. Veréis... no soy perfecta. Esto son reflexiones y luego, con el problema por delante, según el cansancio, según el día y según el porculo que se haya dado, una reacciona como le sale. El otro día, justo mientras le daba la chapa a papá sobre la importancia de transmitiros ser respetuosas con los demás, me llamaron de Jazztel y tan fresca les contesté "no me interesa, estoy comiendo y con la boca llena no se habla" y colgué ante la mirada atónita de vuestro padre que no podía creer que hubiera sido tan borde mientras casi me estaba coronando de santa. Me dijo que había pasado de lo más alto a lo más bajo y eso me dolió en el alma.
Yo intentaré hacerlo bien, de ahí surgen estas reflexiones y la labor de ponerlas por escrito. Si a veces me equivoco... pido perdón.
Hasta aquí por hoy, que lo he cogido con ganas.
Un besito y hasta pronto.
Mamá :)
Mujer no te fustigues. No hay nada más maleducado que llamar a la hora de comer, y creo que eso también tienen que aprenderlo las niñas. Y aprender que si los acosadores de las telefónicas llaman un día sí y otro también, pues a lo mejor es normal ponerse un poco borde y es sano y todo, pero lo mejor es bloquearlos y punto. Que a los pesados, los malos, los infames, y los que quieren que los obedezcas con fe ciega y sinsentido, hay que borrarlos de tu vida cuanto antes!
ResponderEliminar