Cocinando con garrote

Mis pequeñas:
Mientras dormís, vosotras y papá, son las 0.05h y he venido a refugiarme a la cocina. Aquí donde desconecto, me relajo y me encuentro conmigo misma. Me encanta la cocina. Como lugar físico y espiritual, con todo lo que significa y lo que comprende. Con su olor, con su trajín, con su pringue y con su suelo churretoso, con su ruido, con su estrés y su relax, con sus recuerdos.
Mañana recibimos una grata visita. Nuestra amiga Marta, en otros tiempos el Gran Buda Dorado, y su ya marido Manolo, quien también fuera el Costalero enmascarado, pondrán rumbo hasta nuestro pequeño pueblo para pasar un rato con nosotros. Llevo días ilusionada con tal acontecimiento, sin embargo, todos mis planes han consistido en elaborar un menú suculento. Que no esperen grandes rutas ni recreaciones culturales. Aquí todo gira en torno al plato.
¿Y qué estoy haciendo a estas horas? os preguntaréis. Ya tenía que estar la cosa resuelta a estas alturas! Tranquilidad, el plato principal reposa amorosamente en la nevera. Lo que tengo entre manos es un dulce postre o un postre dulce, cosa que hace tiempo que no preparo.
Hay una figura entre los famosos de la gastronomía española, los reconocidos entre las estrellas michelín, que me cae especialmente bien, un hombre entrañable que transmite lo que me parece que debe emanar de un cocinero. Cercanía, buen humor, placer con lo que realiza. Es Martín Berasategui. No lo conozco de mucho más que de haber sido testigo de su colaboración como invitado en algunos programas de cocina, pero son suficientes sus breves intervenciones para percibir lo especial de su persona.
Las pasadas navidades pedí por internet su libro "Cocina con garrote" con intención de regalarlo. Resultó que el pedido tardó en llegar más de lo esperado y llegó la semana pasada... en marzo. Amazon me había enviado varios mails invitándome incluso a anular mi pedido si ya no estaba interesada, se ve que les ha costado trabajo conseguir el librito... Pues ya se me metió en la cabeza que lo quería para mí, todo fuera por leer esas maravillosas y sencillas recetas (según anunciaban) del gran maestro Berasategui. Me ha sorprendido, la verdad, por el módico precio de veintipocos euros (ya ni me acuerdo) el libraco de buena calidad que he recibido. Supongo que no podría ser menos.
Bueno a lo que voy, que con toda la ilusión, dormidos todos, aquí que me he puesto con el panacota de limón y fresas. No sé qué saldrá, la verdad, porque he tenido que ajustar un paso ante la falta de materia prima y he cambiado la lámina de gelatina por gelatina en polvo recalculando a ojo lo que se supone que equivaldría a una lámina... y en repostería ya se sabe que no se puede improvisar. Pero en fin, es lo que había.
Escribo esto mientras la piel del limón se infusiona con la nata montada y las fresas se maceran al baño maría destilando su delicioso jugo. Suena bonito, verdad? Pues mejor tiene que estar.
Dejo una foto de la primera página del libro, donde podréis comprender por qué no puedo más que admirar a este hombre que plasma con tanta llaneza tan sublimes verdades y otra fotito con la receta, para que cuando me leáis, se os haga la boca agua mientras soñáis con visitas a este pequeño rincón del mundo donde siempre os esperaré con los brazos abiertos y los fogones trabajando.



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